Mi Soledad

Andrés Becerril Hurtado

Andrés Becerril Hurtado (Narrativa libre)

Era una tarde soleada, un manjar para la vista con una brisa que sentía recorrer por todo mi cuerpo y cara, disfrutaba en cada momento al respirar, me senté en esa pequeña banca del jardín que pertenecía a la iglesia de Santa Clara a la cual asistía todos los domingos desde mi niñez hasta mi adolescencia tomado de la mano de mi madre y de mis hermanos. Volví a respirar, mi vista se clavó en aquellos columpios y la pequeña resbaladilla en la que jugué muchas veces. Fue un momento de remembranza con mi pasado del cual disfrute.

En esta banca en la cual me senté vi por primera vez a la mujer que en mi adolescencia fue mi Amor Platónico. Nunca se lo dije, me gustó, todos los días pasaba por ahí entre la 1:30 y las 2 pm., sólo para verla. Ella sentada con sus amigas esperando abordar el camión para ir a sus casas.

Era hermosa, de hecho, lo sigue siendo, je je je, realmente estaba enamorado de ella, pero nunca la pude encontrar sola para acercarme a ella. Con el tiempo hubo la oportunidad de decirle, pero no me atreví. Así que ese sentimiento sólo quedó en mi corazón.

Vuelvo a respirar y la voz de mi hijo interrumpe esos momentos de nostalgia. Lo estaba esperando, lo que no, fue lo que me dijo con su voz suave – te he visto desde lejos y me da tristeza verte solo, no quiero que lo estés, espero que encuentres a alguien pronto para que te sientas acompañado-.

Sonreí y le externé, -siéntate, disfruta unos momentos está hermosa tarde, siente como corre el aire y respira-. Volví a mi nostalgia, tenía casi seis meses de separado de su mamá, comprendí que el que se sentía solo era él. Yo, al contrario, la soledad siempre fue mi compañera, la cual disfrute de joven cuando tome mis cosas a los 22 años y me fui a vivir a un departamento hermoso, interior que fue diseñado por un amigo, goce ese espacio viviendo solo durante ocho años, después un año con mi mujer.

Así que el estar solo no era nada nuevo para mí. Volví a respirar y respiré de nuevo la libertad de estar conmigo mismo y me sentí feliz. Le acaricie el cabello – ¿Y qué tal hijo, sientes la brisa, no te sientes vivo al respirar?, No pa. Pero esta bonita la tarde. Él tenía 15 años, a esa edad es difícil la separación y la pérdida de su abuelo que falleció un mes después de que su ma y yo nos alejamos.

Le sonreí, -mira hijo yo no estoy solo, siempre voy a tener a tu hermana y a ti, no te preocupes por mí, mi soledad de verdad me hace feliz, yo sé que no lo entiendes, al transcurrir los días, los años, si no encuentro a alguien que llené mis expectativas para formar un nuevo hogar te darás cuenta que soy feliz con o sin alguien a mi lado, respira y déjame disfrutar un momento más de mis recuerdos, este jardín e iglesia fue una parte muy importante de mi felicidad y de quién soy ahora. Ya te contaré algún día de mis recuerdos y la nostalgia de lo que significa para mí el pasado, -mmm qué hermoso atardecer-.

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