La mujer perfecta

Leonardo Fausto Torres Ramirez (Fausto de Lempira)

Colaboración

Leonardo Fausto Torres Ramirez

La mujer perfecta,

aquella con la que siempre he soñado.

Siempre quise un amor incondicional.

Aquel amor que me ame en todo espacio y tiempo.

Aquel amor que vaya más allá de lo sentimental.

Es decir, aquel amor que está conmigo en lo espiritual…

La mujer que yo amo, me ama a la distancia, porque así se fortalece nuestra relación.

La mujer que yo amo, me ama a la cercanía, porque nos miramos a los ojos y sin palabras demostramos lo que sentimos.

La mujer que yo amo, está conmigo en las malas, pues aun conociéndome en mis peores momentos, me ha aceptado y ha decidido quedarse a mi lado.

La mujer que yo amo, también está conmigo en los mejores momentos, disfrutando a mi lado los anhelos que en éxito se han consolidado.

Leonardo Fausto Torres Ramirez

Una vez soñé con esa mujer que me abrazara con sus palabras, que me diera calor cuando el frío invierno azotaba a mi corazón.

Una vez soñé con esa mujer con besos, que me sanaran las heridas del pasado, aquella con la que pudiera mostrarme tal como soy, sin las caretas con las que me defiendo del mundo exterior.

Una vez soñé con esa mujer comprensiva, aquella que me demostrara que para amar no era necesario sufrir, que quien te ama no te lastima, que el amor puede cambiar las cosas para bien.

Una vez soñé con una mujer sin malicia, aquella que no tiene intenciones malvadas, que no es rencorosa, que no tiene malicia en sus pensamientos ni en sus actos.

Mil veces le pedí al Todopoderoso que llegara a mi vida la mujer perfecta, con ímpetu y coraje en mi oración, le pedí a Dios. Con rencor y con odio me restregaba por las cicatrices en mi alma, causado por relaciones fallidas.

No entendía que primero debía cerrar mis heridas, llenas de pus en el interior que me tenía en estado de putrefacción, lleno de rencor, sintiéndome un perdedor. No podía amar a la mujer perfecta si esta llegaba en ese momento a mi vida.

Dios me hizo andar por caminos de espinas, purificar mis sentimientos para limpiar mi alma, me hizo andar por el camino del derrotero, del aprendizaje masoquista, pero a la vez me dio aliento, me daba esperanzas abrazándome con sus alas protectoras, llenas de amor.

Cuando por fin logré sanar mi interior, despejé mi mente y me estabilicé físicamente… ese día fue el indicado, ese día conocí a la mujer perfecta con la que siempre había soñado, ese amor imposible que solo se ve en telenovelas, pero que, por decreto de la Providencia, a mí se me había dado en la vida real.

El 25 de agosto de 2018, conocí a esa mujer perfecta, su nombre es Zaira, después de una experiencia numinosa, con destellos resplandecientes que hacían a un lado las actitudes profanas, actos del libre albedrio humano; llegó a mi vida esa mujer perfecta… esa mujer que, con su imperfección, complementó mi vida.

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